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Miguel González: una vida dedicada al acordeón y una mirada crítica sobre la cultura diamantina

Con décadas de trayectoria, escenarios recorridos y un estilo propio en el acordeón, Miguel González repasó su historia musical y dejó fuertes reflexiones sobre la cultura en Diamante, la falta de formación de nuevos músicos y el desafío de sostener la identidad de la chamarrita.

Miguel González habla desde una vida atravesada por la música. Acordeonista, docente, investigador y referente de la cultura diamantina, construyó un camino que lo llevó desde sus primeros estudios en la ciudad hasta compartir escenarios, viajar por Europa y dejar una marca propia en la chamarrita.

En diálogo con DiamanteFM, repasó esa trayectoria y también puso sobre la mesa una mirada crítica sobre el presente cultural de Diamante y las políticas necesarias para preservar su identidad musical.

Su acercamiento al instrumento comenzó cuando tenía apenas cinco años, cuando su madre lo inscribió en la academia de Rogelio Jordán, que por aquellos años reunía a decenas de estudiantes de acordeón y piano. La música también estaba presente en su familia paterna, de ascendencia húngara. “Todos los familiares son músicos. Y el que no es músico, chifla”, contó entre risas.

Con los años comenzó además un trabajo personal de búsqueda. González recordó que escuchaba a músicos de las islas, de los montes y de distintos puntos de la provincia, absorbiendo formas de tocar que después aparecerían naturalmente en sus interpretaciones. Para él, detrás de un estilo propio no solamente existe formación técnica: “Hay una cosa que es fundamental: el gusto”, sostuvo.

Esa impronta tomó otra dimensión cuando comenzó a trabajar junto a Néstor y Rubén Cuestas. Allí encontró un espacio importante dentro de la chamarrita y desarrolló un sonido que terminó siendo identificado con su acordeón. “Que puedan reconocer un instrumento y decir ‘ese acordeón es de Miguel González’ es algo que se va dando con muchos ingredientes”, explicó.

La música también le abrió las puertas fuera del país. En 1993 integró una delegación de la Asociación Verdiana que viajó por Europa y participó de actividades en Italia, Francia y Holanda.

Además tuvo experiencias vinculadas al cine, participando como músico en producciones filmadas en Victoria. “Yo me di cuenta de que había que salir de Diamante. Si tenés talento o al menos lo querés mostrar, tenés que volar, salir”, señaló.

Pero buena parte de la charla estuvo dedicada al presente y al futuro de la cultura local. González manifestó su preocupación por la falta de docentes de acordeón y recordó que Diamante supo tener una intensa actividad musical, con numerosas orquestas y grandes instrumentistas. “Si perdemos la docencia, vamos a perder la vigencia del instrumento”, advirtió.

En ese sentido, consideró indispensable que el Estado garantice el acceso a la cultura, especialmente para quienes no pueden pagar clases particulares. Sin embargo, también cuestionó la falta de políticas sostenidas y proyectos culturales a largo plazo. “No se ha democratizado la cultura. Hay presupuestos, pero muchas veces no existe un programa de cuatro años que diga hacia dónde se quiere ir”, planteó.

Uno de los momentos centrales llegó al hablar del proyecto que busca declarar a Diamante Capital de la Chamarrita. González aclaró que acompaña la iniciativa, pero sostuvo que una denominación de semejante peso debe ir acompañada de acciones concretas. “La palabra capital es pesada”, afirmó, y pidió que la propuesta no termine convertida simplemente en un nuevo festival.

Para el músico, la enseñanza en las escuelas, los talleres permanentes, la formación de nuevos acordeonistas, la investigación y la participación de músicos e historiadores deberían formar parte del proyecto. También reclamó una mayor presencia de artistas locales y de la propia chamarrita dentro del Festival Nacional de Jineteada y Folclore. “Si vamos a ser Capital de la Chamarrita, empecemos por poner chamarriteros”, resumió.

González puso además como ejemplos distintas experiencias culturales de localidades vecinas y lamentó que Diamante haya perdido propuestas como el Encuentro de Acordeonistas, mientras destacó la continuidad del Encuentro Diamante en Teatro. Para él, una política cultural no puede depender solamente de una gestión o del funcionario de turno, sino que necesita continuidad y reglas que permanezcan en el tiempo.

Sobre el final, al ser consultado por cómo le gustaría ser recordado dentro de varias décadas, su respuesta volvió al sacrificio que atravesó buena parte de su carrera: “Que me rompí el lomo, que a veces dejé mi familia de lado por esto, por hacer, por mostrarme y por lograr los méritos que humildemente pude realizar”.

Una vida atravesada por el acordeón, la chamarrita y una convicción que todavía mantiene intacta: la cultura diamantina tiene una enorme historia, pero también necesita espacios, formación y decisiones para poder proyectarse hacia las próximas generaciones. (HQES)