Historia

“Váyanse ustedes que tienen hijos”. Era colimba y se convirtió en el héroe máximo: Enfrentó solo a cientos de ingleses

Oscar Poltronieri no solo recibió la mayor condecoración militar argentina por su honor en combate; también fue distinguido por el gobierno británico.

Hacía frío y tenían hambre. Hacía más de un mes que los regimientos de infantería 4, 6 y 7 esperaban en las inmediaciones del Monte Dos Hermanas al enemigo. Desde el pico más alto, días antes, habían divisado varios helicópteros británicos cerca de la costa y sabían que en menos de una semana sus tropas llegarían adonde estaban ellos.

La avanzada de los británicos por el Monte Dos Hermanas, entre el 11 y el 12 de junio, fue más rápida de lo que esperaban. Primero cayó el regimiento 7 de La Plata. Después, el 4 de Monte Caseros, Corrientes. Por último, las tropas enemigas enfrentaron al regimiento 6 de Mercedes. Fue durante ese último combate cuando ocurrió el acto más heroico de la guerra.

Los ingleses pasaron a los dos regimientos anteriores y llegaron a donde estábamos nosotros, que éramos unos 120. Arriba, estábamos los tres de las ametralladoras: Carlos Rollheiser, mi amigo de la colimba; yo, un poco más abajo, y otro más. Empezamos a tirotear a las seis de la mañana. A Rollheiser se le trabó el arma en seguida. Se puso a acomodar la ametralladora y los ingleses lo bajaron. Uno de mis compañeros pega el grito avisando que había muerto. Cuando lo escuché, me dio tanta bronca que los quería bajar a todos. Los ingleses intentaban subir a donde estábamos nosotros. Y en ese momento les dije al subteniente Esteban Lamadrid y al sargento Tito Echeverría: ‘Váyanse ustedes, que tienen hijos’. Me quedé solo. Es que uno se tenía que quedar haciendo ráfaga de ametralladora para que los ingleses no pudieran avanzar. Mientras yo hacía eso, mi regimiento se iba. Pudieron hacer la retirada. Si yo no los hubiera retenido, a nosotros nos mataban a todos de atrás”.

No te puedo decir: ‘No, no tuve miedo’. Tuve miedo de morir, de ser herido. Gracias a Dios, no me pasó nada. Tuve un Dios aparte, porque las balas picaban por todos lados. Mis compañeros que se habían retirado me habían dado por muerto. Por suerte, en esa batalla solo murieron 9 de 120“.

Los militares británicos filmaron la batalla. Fue a partir de ese video que las Fuerzas Armadas argentinas pudieron confirmar lo que Poltronieri les había contado a sus compañeros: que había enfrentado solo, con su metralleta, a un batallón de cientos de ingleses. Fue por esa actitud heroica que, meses después de la guerra, el ex conscripto obtuvo el mayor reconocimiento militar otorgado por la República Argentina: la Cruz de la Nación Argentina al Heroico Valor en Combate. Fue el único soldado conscripto vivo en recibir esa condecoración.

“Volvimos escondidos. Llegamos directamente a Campo de Mayo y al otro día nos trajeron a Mercedes en colectivo. Los únicos que nos recibieron cuando llegamos acá fueron las maestras con un montoncito de chicos”, recordó. “Por eso, siempre vamos a las escuelas y damos charlas. Porque sentimos que son los mismos chicos que en ese entonces nos estaban esperando”.

Poltronieri volvió a Malvinas dos veces después de la guerra. “La primera vez que volví, en 2009, fue para filmar el documental “El Héroe de la Batalla de las Dos Hermanas”. Antes de viajar, tenía un nudo en la garganta. Quería estar allá ya. Hasta que no subí al avión que me llevó de Río Gallegos a Malvinas, no terminaba de creer que realmente estaba yendo. Lloré todo el vuelo”.

“Todos los veteranos de Malvinas tenemos algo en común, tenemos nuestros hermanos esperándonos ahí. Entonces, cuando vamos para allá, nos desahogamos. Cada vez que vuelvo después de estar allá, lo hago con una paz enorme. El asunto es ir al cementerio e ir a los lugares en donde estuviste. Estás ahí y pensás: ¿Yo realmente hice todo esto? Y si, lo hiciste. Solo porque tenías adrenalina. Porque si tenés a una persona acá en frente y te dicen que la mates, no la matás”.

“En Malvinas también dejé a mi hermano, el soldado Rollheiser. Él era mi amigo, me escribía las cartas para mi madre cuando estábamos en la guerra, yo no sabía leer ni escribir. A cada acto de Malvinas que voy llevo una remera con su nombre”.

“No hace falta saber leer y escribir para poner el pecho por toda la Argentina. No hace falta leer y escribir para empuñar el arma y pelear por nuestra bandera. Nosotros juramos la bandera hasta morir, hasta perder la vida. Y por esa bandera nosotros fuimos”, remarcó.

La guerra me dejó una enseñanza muy grande, que los que antes fueron enemigos ahora pueden ser hermanos. Yo tengo varios amigos ingleses, militares que vienen a visitarme. Hay un soldado, Mark Curtis, que vino a Argentina ya cinco veces. Una vez, vino acá, a Mercedes, a festejar mi cumpleaños. También estuve en Neuquén con Geoffrey Cardozo -el militar inglés que enterró los cuerpos argentinos en Darwin-. Lo busqué por el aeropuerto y fuimos a subir el volcán Copahue para rendir honor a nuestros hermanos que quedaron en Malvinas, tanto argentinos como ingleses. Subimos juntos. Yo llevé una pechera con el nombre de Rollheiser”.

Poltronieri aún sigue en contacto con sus compañeros del Regimiento 6 de Mercedes donde vive, es padre de cuatro hijos. Además de hacer reuniones informales en sus casas, cada 12 de abril, los excombatientes se reúnen a comer locro y a recordar el día en que llegaron a Malvinas en el edificio de Gendarmería. “Acá, los veteranos de guerra estamos hermanados por las circunstancias de la vida, por haber sufrido lo mismo. La guerra me dejó hermanos del corazón”, dice.

 

 

Fuente: Alejandro Guyot – LA NACION de archivo