El recuerdo del periodista Osvaldo Oliva a 10 años de su muerte

Fue uno de los periodistas destacado que tuvo Diamante, con una trayectoria de más de 50 años en los medios de la región, falleció el 14 de mayo de 2011.
Realizó tareas de conducción, animación y locución, incursionando también con artículos en medios gráficos, llegando a ser su característica voz la de mayor éxito en los programas matutinos de la ciudad y la palabra comercial del Festival de Jineteada y Folclore, como en actos oficiales.
En su última etapa había recibido no solo el reconocimiento general, sino premios como “El Destacado de La Ciudad”, por el semanario homónimo en 2009, y “La Solapa”, que otorgan Néstor y Francisco Cuestas en la “Fiesta del Chupín”, por sus 50 años de labor periodística.
Su sorpresivo fallecimiento a los 72 años, viviendo un gran momento profesional, ocasionó un gran pesar motivando que la Municipalidad de Diamante, por Decreto N° 344/11 del 22 de junio de 2011, lo declarara “Personalidad Destacada” de la ciudad de Diamante, realizándose el reconocimiento público el 3 de julio en el marco del Día del Locutor, descubriéndose su imagen en la galería de ciudadanos ilustres en el hall del palacio municipal.
Su voz quedó inmortalizada en el tema musical “El guisito de Carau”, chamarrita de Néstor Cuesta y Rubén Giménez, interpretada por “Los musiqueros entrerrianos”, donde realizó una introducción con una locución recordando el correo radial de Radio Diamante.
Fuente: Efemerides Diamantinas Ricardo Brumatti

DIAMANTE PERDIO A UN HOMBRE

QUE HABLABA COMO SU GENTE

Por Manuel Lazo.

Osvaldo Oliva era un hombre de radio, de vocación más que de formación. En ese espacio que alguien definió alguna vez como “el teatro de la mente”, había encontrado la alegría de despertarse cada mañana sin sentir el peso que antes portaba en su cintura para sumarse a un mundo de mano armada, tan distinto, tan distante, aunque tal vez no menos riesgoso que el de ejercer el periodismo en una ciudad chica donde la presión es mayor que en los grandes centros urbanos. Ahora su “arma” era ese micrófono con el que construyó un romance que sostuvo con lealtad y fidelidad hasta el último segundo de su vida.

Osvaldo le restaba importancia a la falta de estructura y a los escasos medios técnicos del instrumento. Para decirlo en términos teatrales, lo de él, era un” unipersonal” que contaba con el solo soporte de un operador. Era también hasta su propio productor periodístico, su propio productor comercial y, a la vieja usanza, se encargaba de leer los avisos de sus auspiciantes . Conocía Diamante como la palma de su mano. Nada de lo que ocurría en su ciudad le era desconocido ni indiferente. Su liderazgo en la audiencia de la mañana tenía su matríz precisamente en el amplio conocimiento del lugar, de la gente de su pueblo con sus aspiraciones y desvelos que supo traducir con lenguaje sencillo y pueblerino.

Sus entrevistas no se caracterizaban por preguntas incisivas, ni recurría a alegatos querellantes. Con aparente inocencia lograba, sin embargo, por puro oficio, llegar al nudo de una historia sin “lastimar” pero poniéndola en el centro del debate. De ese modo se impuso a la complejidad de ejercer el periodismo en una ciudad donde todos se conocen y donde cada uno de sus habitantes es un “vecino” con el que inevitablemente hay que cruzarse todos los días. Entre sus méritos, debe reconocerse pues a Osvaldo Oliva, el hecho de transponer esa realidad que en muchos casos condiciona la labor de un periodista en un “pueblo chico”. Sin embargo, supo sortear las dificultades anteponiendo a ellas la cobertura que le daba el amplio consenso que había logrado construir con sus oyentes a lo largo de varias décadas.

Como buen Diamantino, sentía también pasión por el patrimonio cultural que representa el Festival Nacional de Jineteada y Folklore y con su voz que se levantaba por los aires costeros desde el “mangrullo” que compartía con los payadores, daba identidad al encuentro fraterno de cada enero.

La muerte de Osvaldo nos ha sorprendido a todos. Nadie la esperaba, no todavía. Quien iba a imaginarse su partida si hacía unas horas se había despedido hasta el lunes. Pero la muerte, que al decir de Jorge Luis Borges “es una vida vivida” suele ser taimada y traicionera. Y es en estos casos en que, desde el dolor, desde la impotencia, desde el asombro resulta inevitable obviar un fragmento de la obra “La muerte” del gran compositor Uruguayo José Carbajal (El sabalero), y coincidir con él en que “esta puta, vieja y fría nos tumba sin avisar”.

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